El “egoísmo” de la sumisa

Durante mucho, mucho tiempo, un pensamiento, o más bien una sensación, me ha rondado en la mayoría de las relaciones D/s que he tenido: la del egoísmo.

Voy a tratar de explicarlo, porque aunque en mi mente todo tiene sentido y es lógico, se me hace complicado expresarlo.

Como decía durante mucho tiempo he visto la figura de la sumi como “egoísta”, sí, entrecomillado, porque en absoluto pienso que la persona sumisa sea egoista (que seguro las habrá), sino que en mi mente siempre le he asociado cierta característica egoista.

Lo cierto es que llevo unos días pensando en ello y reflexionando. Para mi ese egoísmo derivaba de la idea de que en una sesión la parte que más placer obtenía era la sumisa, y además también era la parte menos activa. Simplificando mucho (pero mucho, mucho) la figura de la sumisa que yo he conocido casi siempre ha sido la de una persona a la que “hacerle” cosas (ya digo que no se si voy a poder explicarme…). El Amo azotaba, la sumi disfrutaba; el Amo la sodomizaba, la sumi disfrutaba; el Amo la amordazaba, vendaba o ataba, la sumi disfrutaba; el Amo la manoseaba, la sumi disfrutaba; el Amo la pinzaba, la sumi disfrutaba; el Amo aplicaba frío o calor, la sumi disfrutaba; el Amo la masturbaba o la observaba mientras ella lo hacía, la sumi disfrutaba… Esa ha sido mi visión durante mucho tiempo, incluso en los momentos en los que el Amo establecía rutinas, prohibiciones o cualquier otra orden, la sumi disfrutaba (y cuando digo sumi obviamente me refiero a mi).

Ante esta imagen en mi cabeza yo me preguntaba una y otra vez cuál era en realidad el placer que sentía el Amo, no llegaba a comprenderlo, más allá de liberar tensiones y obviamente cuestiones sexuales. En ocasiones me preguntaba para qué las rutinas establecidas si en realidad el Amo no estaba presente para disfrutar de ellas y sentía que era sólo yo la que lo hacía.

En algunas ocasiones, con algún Amo, sí llegué a entender y percibir cierto placer al estar en sesiones, pero en esos casos siempre se daba la circunstancia de que el Amo tenía una marcada tendencia al sadismo, por lo que en mi mente era lógico pensar que el Amo disfrutaba de ello (y yo también). Bien es cierto que nunca llegué a conectar demasiado con Amos sádicos, nunca lo he buscado puesto que no es la principal cualidad que pueda atraerme.

Todo este batiburrillo de sensaciones y pensamientos que se agolpaban en mi cabeza tuvieron unos efectos de los que no fui consciente hasta hace muy poco. Al estar yo convencida de que como sumisa lo que se esperaba de mi era servir y complacer al Amo, una parte de mi se rebeló e hizo que me fuera extremadamente difícil evadirme y conseguir abandonarme a la sesión y a mi Amo; siempre acababa asaltándome alguna pregunta en mi cabeza, siempre pendiente de si en realidad estaba entregando lo que se esperaba de mi, siempre alerta, tanto que me llegó a resultar casi imposible llegar al orgasmo en sesión, bien fuera masturbándome o teniendo sexo; no era capaz, me bloqueaba.

Como decía antes no fui consciente de todo esto hasta hace relativamente poco. Desde que comencé a interesarme por el BDSM y tuve claro lo que quería, leí mucho, traté de relacionarme con personas afines y procuré siempre aprender de otros; pero todo eso lo único que consiguió con el tiempo fue afianzar en mi mente la idea de que yo no era suficiente como sumisa, que no era tan “feliz” como se suponía que tenía que ser. Soy consciente de que compararse es lo peor que uno puede hacer, pero también es cierto que es a veces muy difícil darse cuenta de que lo estás haciendo, acaba convirtiéndose en algo inconsciente y rutinario.

Todos estos años viviendo de un modo u otro mi sumisión, con mis relaciones y mis periodos de reflexión, han hecho de mi lo que soy hoy. Obviamente no me arrepiento de ello, sería estúpido, pero sí que pienso que me he perdido muchas cosas por el camino de la D/s en este tiempo.

Ahora, pasado el tiempo, habiendo pensado mucho sobre el tema, leyendo a otras sumisas y dominantes, y con las experiencias recientes que he vivido, me he dado cuenta de dónde fallaba mi razonamiento: la comunicación.

Ahora me doy cuenta de que al haber tenido un Amo en mis comienzos con el que no podía hablar tan a menudo como me habría gustado, hizo que muchas cosas, pensamientos, sensaciones, dudas, etc. me las callara; y eso hizo que la imagen que yo misma cree en mi mente se volviera en mi contra. Jamás hablé de esto con mis Amos, básicamente porque no pensaba que hubiera de hacerlo, y porque la vez que comencé a pensar que quizás debería hacerlo, la respuesta fue silencio y castigo por dudar de mi y de él.

Sí, naturalmente había ocasiones en las que el Amo expresaba su satisfacción y orgullo, pero no llegué a entender nunca el porqué, ya que la mayoría de los Amos con los que me topé eran muy herméticos y apenas hablaban sobre ello. Tampoco eran especialmente detallistas ni tenían gestos que yo pudiera identificar como de satisfacción u orgullo, o quizás no los supe ver. No lo sé, pero yo ahora creo que en su momento lo que más falló fue la comunicación. Las relaciones se volvían monótonas en seguida, predecibles, aburridas…sin conversación, sin comunicación, sin hablar de deseos, fantasías, miedos, dudas, cosas que probar y experimentar, todo acababa irremediablemente siendo frustrante para mí.

Todo esto me ha hecho pensar mucho y reflexionar, y me doy cuenta de las grandes (abismales) diferencias que existen entre una D/s a distancia con encuentros esporádicos, y una D/s más física y cercana. Ya se que la distancia no tiene porqué ser un inconveniente, pero la realidad es que si el tiempo del que se dispone es muy reducido siempre habrá cosas que no se harán y se tratará de aprovechar al máximo el contacto físico, olvidando momentos de confesiones y confianza.

No se si me he logrado explicar, pero para mi ahora todo empieza a tener más sentido. No se trata de olvidar lo pasado, al contrario espero no olvidarlo nunca; pero sí es cierto que ahora comienzo a disfrutar de una parte de la D/s que era para mi desconocida; a decir verdad se trata de esa parte que imaginé cuando comencé hace ya unos cuantos años y que por suerte o por desgracia nunca tuve el placer de disfrutarla hasta hace poco.

Hace un año todo comenzó a cambiar en mi, tomé una decisión que me costó mucho pero que sin duda viendo el camino recorrido fue un acierto. Ha sido un año este de volver a descubrirme, de volver a conocerme, de volver a quererme, de volver a querer servir sin peros ni dudas; ha sido un año en el que he dejado atrás a gente que quizás ya no vuelva y un año de conocer a gente que sin ser consciente me ha ayudado a reencontrarme y reconciliarme.

Y, ¿sabeis qué? Ahora sí pienso que puedo ser egoísta, ahora antepongo mis necesidades y deseos antes de establecer ningún tipo de relación D/s, porque ahora sé que si no puedo tener y encontrar en un Dom lo que necesito para entregarme, esas dudas, esas sensaciones y esos sentimientos volverán irremediablemente haciéndome ir de nuevo hacia atrás; y ya se sabe que hacia atrás solo para coger impulso.

P.D. Aunque algunas de esas personas que han aparecido este año en mi vida y que tanto me han ayudado posiblemente no leerán esto, otras muchas sí, y a todos quiero de verdad daros las gracias, aunque muchos ni siquiera seáis del todo conscientes de lo que me habéis reconfortado y ayudado a reencontrarme.

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No se había dado cuenta…

Las primeras veces (al menos las mías) siempre traen consigo miedos, nervios, inseguridades, expectativas, ilusión y ganas, muchas ganas por probar, conocer y disfrutar. Y, aunque todo eso estaba allí, en su cabeza y sus entrañas, las circunstancias hicieron que todas esas sensaciones que se arremolinaban en su interior, y que la habían mantenido en vela gran parte de la noche anterior, se disiparan y desaparecieran. Sí, todas, incluso esa pizca de ilusión infantil y nerviosismo pueril.

No se había dado cuenta en el momento, pero sí después. Estaba tranquila, otros pensamientos, muy alejados de lo que iba a suceder, ocupaban su mente, y eso hizo que se mostrara más relajada, más cómoda, más entregada y dispuesta de lo habitual en una situación similar.

No se había dado cuenta, pero sus inseguridades y complejos no aparecieron, sus miedos se volatilizaron, las cientos de preguntas que habían rondado su cabeza se esfumaron. En aquella habitación sólo estaban Él, ella, sus ganas y deseos, y un par de bolsas repletas de utensilios y artilugios.

No se había dado cuenta, pero en apenas unos minutos su cabeza dejó de pensar, su corazón se fue acelerando y sintió como, sin aún haberla siquiera tocado, ya sentía cómo los flujos resbalaban por sus piernas. Sin duda el hecho de llevar un huevo vibrador puesto, y entregarle a Él el mando nada más verle, ayudaron también a que comenzara a lubricar tan rápido.

No se había dado cuenta, o más bien no pudo ver todos los utensilios y juegos que Él tenía preparados. No lo veía, pero lo sentía. Cada ruido de hacía que su mente comenzara a volar tratando de adivinar qué sería eso que parecía sacar de una bolsa, o aquello que había traído en la cartera de cremalleras. Sin ver y con la respiración entrecortada, emitía constantes gemidos que se veían atenuados por el gag que llevaba en la boca. Cada gemido iba acompañado de una ligera contracción de músculos. A veces era el abdomen, otras eran los pechos, otras movimientos involuntarios de las piernas…no quedó un solo rincón de su cuerpo sin ser explorado, sin ser tratado como se merecía, sin ser utilizado.

No se había dado cuenta de la cantidad de cosas que Él había traido, pero su cuerpo sintió y agradeció todas y cada una de las que usó en ella; mientras su mente y sus ojos vendados y cerrados imaginaban la escena, tratando de adivinar qué era cada cosa, dibujando Su rostro de satisfacción y placer mientras Sus manos daban buena cuenta de su cuerpo.

No se había dado cuenta, pero las horas habían pasado y en su mente ya sólo había lugar para el placer, estaba inmersa en la escena, una escena llena de jadeos, fluidos, gemidos, manos apretando sus pechos, azotes dándole color a su pálida piel, órdenes susurradas pero firmes y por fin…miradas de deseo, lujuria, satisfacción y agradecimiento.

No se había dado cuenta, pero Su cara había cambiado, durante ese tiempo se había transformado, y aún así seguía sintiendo tranquilidad. Las miradas fijas, desafiantes, sádicas…lejos de incomodarla la excitaban aún más y con gestos y miradas ella respondía entre jadeos ahogados por el gag pidiendo más, suplicando que aquello no acabara, deseando y anhelando que Él continuara usándola.

No se había dado cuenta, pero sus músculos no le respondieron al finalizar y ponerse en pie. Con las piernas temblando, sudorosa y el pelo enredado dejó que el agua de la ducha discurriera por su piel, relajándola y volviéndola poco a poco a la normalidad.

No se había dado cuenta, pero al volver a la habitación ya no pudo ver todas esas cosas con las que Él había disfrutado de su cuerpo; todo estaba recogido y guardado. Miraba una y otra vez a su alrededor tratando de encontrar acaso alguna pista mientras se vestía. Nada, sólo Él, sonriente, satisfecho y sí, también divertido, observando cómo ella acababa de vestirse y metía en el bolso de nuevo el neceser con lo que Él le había pedido que llevara.

No se había dado cuenta, pero en el camino de vuelta a casa su rostro la delataba. Una mirada brillante, una tez sonrosada, unas manos que inconscientemente recorrían su cuerpo buscando ese ligero dolor que Él le había regalado.

No se había dado cuenta, pero mientras escribía las sensaciones y los pensamientos que se agolpaban en su mente, sus pezones, ahora más sensibles de lo habitual, buscaban el roce de la mesa, sus nalgas y su coño se contraían recordándole que Él había dado buena cuenta de ambos, y sus bragas no pudieron evitar que mojara la silla al escribir, al recordar, al revivirlo.

No se había dado cuenta, o quizás sí, quizás en el fondo sí se había dado cuenta de todo, pero por una vez, esa primera vez, su mente no se lo demostró y dejó que fueran el cuerpo y sus entrañas las que hablaran…las que disfrutaran.

 

Abrir los ojos al despertar

Abrió los ojos y miró a su alrededor. Estaba sola, a los pies de una cama que no era la suya, en una habitación que no era la suya y en una ciudad que no era la suya. Recostada, aún sin levantarse, bajó la vista sobre su cuerpo. Estaba desnuda, salvo por unas medias negras, rotas y llenas de carreras, y las esposas de cuero en brazos y tobillos. Se echó la mano al cuello. Sí, también llevaba el collar. Sobre su pecho pegajoso unas letras escritas que apenas se podían leer ya. Sus brazos tenían manchas negras y rojas, posiblemente restos de maquillaje. Sentía cierta debilidad en sus piernas, que se quejaron al tratar de incorporarse. Continuó en el suelo, recostada, mirando a su alrededor.

Frente a ella había una butaca volcada que le enseñaba descarada las patas. Tiradas junto a ella unas cuerdas enredadas aún con algún nudo intacto. Siguió con la mirada un reguero de gotas de cera en el suelo. Parecían rodear la butaca volcada y se hacían más intensas y numerosas cuanto más cerca de ella se encontraban. Sonrió sin darse cuenta al contemplar la mezcla de colores que dibujaban sobre el suelo, una composición de negro, rojo, azul y blanco que le resultó familiar.

Miró a su derecha. Aquella era su maleta. Estaba abierta y medio vacia. Lo poco que quedaba dentro estaba revuelto, su neceser abierto. Sus zapatos estaba junto a ella, tirados de cualquier forma en el suelo, junto a su abrigo y lo que le parecía su pañuelo.  Una correa roja asomaba por debajo del abrigo, sin duda era su bolso.

Levantó la vista a la mesa que estaba al fondo, entre la butaca volcada y sus cosas en el suelo. No era muy alta pero no alcanzaba a ver todo lo que había sobre ella. Un televisor y a un lado algunas botellas vacias y unos vasos. También había bolsas de plástico con envases vacíos que salían de ellas.

A su izquierda se encontró con unos cojines en el suelo y unas toallas. Más cuerdas. Estas estaban cuidadosamente ordenadas, como si no se hubieran llegado a usar. Junto a los cojines, un antifaz y una mordaza, la roja y negra que ella misma había fabricado con tanta ilusión. Había dos pares de pinzas algo más alejadas. Las japonesas que le ponían la piel de gallina nada más verlas, y unas de cascabeles morados. Las cuatro estaban entrelazadas por una cadena plateada no muy gruesa, y en las de los cascabeles había además unos plomos de pesca sujetos a estas por cordones.

Giró la cabeza y miró tras de sí.  La cama apenas estaba desecha. De hecho parecía la única superviviente tras una encarnizada batalla. Pero no estaba vacía. Estaba llena de cosas. Varios juguetes. Dos varas de bambú, una de ellas partida. Una pala de cuero, un flogger y una tabla de madera. Un poco más allá, sobre una de las mesillas había un bote de aceite corporal y envoltorios abiertos de condones.

Llevó su mirada a la otra mesilla. Allí estaban sus gafas, las pocas joyas que había llevado puestas, su teléfono móvil y una pinza del pelo.

Volvió de nuevo su vista sobre sí misma. Echó las manos a las piernas y les dió un leve masaje. Ya no las sentía tan débiles. Se incorporó apoyándose en el borde de la cama. Volvió a echar un vistazo a su alrededor.

Con pasos lentos se acercó al baño. Desde la puerta observó las toallas en el suelo, la bañera aún con restos de espuma y un juguete dentro. El suelo estaba algo mojado y resbaladizo. Entró con cuidado y apoyando las manos en el borde de la encimera del lavababo se miró al espejo. La piel de su cara estaba sonrojada y al rededor de sus ojos y sus labios quedaban restos del maquillaje que había llevado. Se llevó una mano al pelo. Estaba alborotado, revuelto y lleno de nudos. Bajó la vista hacia su cuello y se giró ligeramente. En uno de sus hombros era visible una marca roja. Sobre su pecho los restos de lo que había estado escrito que se mezclaban con semen y cera secos. Se tocó el vientre. Estaba aún pegajoso. Pasó sus manos por sus pechos, como si buscara alguna pista. Tan solo alguna que otra marca rosada. Se giró y trató de verse la espalda. Sus nalgas estaban rojas, con puntitos más intensos que escocían al pasar la mano sobre ellos.

Fue a la ducha, cogió el juguete y lo lavó. Después se lavó ella.

Envuelta en una toalla y con el pelo mojado comenzó a hacer de nuevo la maleta. Mientras ordenaba todo aquello se encontró una nota sobre la mesilla, junto a sus gafas y su teléfono. “No busques mucho tu ropa interior. Me la he llevado. Todo lo demás que encuentres en la habitación te lo puedes quedar.”

Se sentó en la cama ya vestida. Miró a su alrededor. La habitación ya no parecía un campo de batalla. Su maleta iba más llena de lo que había llegado. Ahora junto a su neceser, su ropa y las pocas cosas que había llevado para el encuentro, se encontraban además juguetes y utensilios varios.Terminó de recoger sus cosas de la mesilla y se calzó.

Al salir por la puerta del hotel sintió el frío de golpe en sus piernas. Ya no llevaba medias. Habían quedado en la papelera de la habitación junto a los condones usados, la vara de bambú rota, latas, botellines y envoltorios de comida, junto al trozo de papel escrito hecho añicos. Caminaba despacio, aún asimilando todo aquello. Sentía el roce de la blusa contra su pecvho y el frío colándose bajo su falda. Se sentía cansada y relajada a la vez. Dichosa, pero triste. Contenta, pero desilusionada. Estaba confusa y el frío se le metía en el cuerpo. Entró en una cafetería. Ocupó la mesa más alejada que encontró y pidió un café. Allí sentada, con el café humeante ante sí, abrió su bolso, sacó el cuaderno y su pluma y comenzó a escribir:

¿Realmente es esto lo que se siente tras una sesión? ¿De verdad compensa este vacío y esta sensación de abandono a cambio de unas horas intensas de sumisión, sexo y humillación? ¿Esto es lo que queda cuando lo das todo? Quizás me he equivocado. Quizás no es esto lo que a mi me gusta. Quizás no esté hecha para esto.

Levantó la vista de aquellas palabras, miró al infinito, dió un sorbo a su café. Su cuerpo se iba aclimatando, entraba en calor. Cerró los ojos y una vez más bajó la vista al cuaderno y prosiguió:

No, no puedo dejarlo aquí. No permitiré que una mala persona, una mala elección, una mala experiencia marquen mi destino y elijan por mi. No creo que esta sea la forma en la que una se ha de sentir tras una sesión. No creo que servir a alguien tenga que tener este efecto en mi. Yo no me voy a rendir. Ahora se lo que me gusta. Se lo que he disfrutado y lo que no. Ahora tengo algo más claro qué es lo que quiero y lo que no. Ahora tan solo he de pensar en buscar lo que ayer me hizo disfrutar como nunca, pero con alguien que no me abandone y me deje sola tras una experiencia así. Eso es lo que quiero encontrar.

 

Seguimos…

Comienza, o más bien continua, en este nuevo espacio mi andadura como sumisa. Aquellos que habeis llegado aquí a través de mi antiguo blog simplemente agradecer la fidelidad y decir que me encantará seguir contando con vosotros; a aquellos que entrais aquí por casualidad decir que en caso de que queráis conocer algo más de mi, cómo comencé, alguna que otra historia personal, algunos pensamientos íntimos y esas cosas que se comparten por aquí más con afán de desahogo que otra cosa, podeis encontrar todo eso en mi antiguo blog.

Sea como sea que habeis llegado aquí, bienvenidos a todos y espero disfruteis conmigo en esta nueva andadura, que en cierto modo es para mi una manera simbólica de poner un punto y seguido en este mundo de la sumisión, pues llevaba tiempo arrastrando demasiados fantasmas y creo que ha llegado el momento de dejar todo eso donde siempre debió estar, atrás, no olvidado, pero tampoco presente.

¡Bienvenidos!

P.D. También podeis encontrarme en twitter, como algunos ya sabreis (@sumisa_aka)